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Comprender cómo las emociones pueden influir en el gasto

¿Alguna vez has intentado animarte comprándote algo nuevo?

A veces la gente compra cosas por capricho o por aburrimiento, o para intentar animarse o celebrar un éxito. Estos son ejemplos de gastos impulsivos. Aunque darse un capricho de vez en cuando no suele suponer ningún problema, los gastos impulsivos pueden ser arriesgados, ya que es fácil acabar gastando más de lo que te puedes permitir. Dado que nuestros hábitos de gasto tienen un fuerte componente emocional, es importante reconocer y controlar el gasto impulsivo.

La conexión entre cómo te sientes y cómo gastas

Gestionar tu dinero no consiste solo en elaborar un presupuesto y hacer un seguimiento de tus gastos. También se trata de comprender tu relación con el dinero. El gasto suele estar determinado por hábitos de los que quizá no seamos conscientes o que hayamos adquirido mientras crecíamos. Y estos hábitos suelen verse impulsados por las emociones, lo que no siempre es saludable para tu bienestar emocional o económico. Por ejemplo, si de joven la situación económica era precaria y tus padres tenían dificultades para cubrir las necesidades básicas, el miedo derivado de esa experiencia pasada de no tener suficiente dinero puede hacer que ahora repitas ese mismo patrón.

Las siguientes preguntas pueden ayudarte a comprender tu propia relación con el dinero.

  • ¿Sueles comprarte "caprichos" cuando te sientes triste?
  • ¿Recompensarte por tus logros suele implicar gastar dinero?
  • ¿Te pasa a veces que compras cosas que realmente quieres, pero que no te puedes permitir?
  • ¿Ahorras dinero hasta el punto de privarte de pequeños placeres?
  • ¿Sueles ir de compras por aburrimiento o para distraerte?
  • Cuando quieres algo, ¿sueles comprarlo y preocuparte por pagarlo más tarde, en lugar de idear un plan para ahorrar y poder comprártelo?

Responder "sí" a cualquiera de estas preguntas no significa necesariamente que tengas un problema. La mayoría de la gente deja que, de vez en cuando, las emociones impulsen sus gastos. Pero tus respuestas podrían ser una pista para comprender tu relación con el dinero y cómo tus emociones pueden influir en esa relación. Si has respondido "sí" a alguna de estas preguntas, quizá debas reflexionar con sinceridad sobre la frecuencia con la que las emociones impulsan tus hábitos de gasto.

Cómo controlar los gastos impulsivos

Si te das cuenta de que sueles recurrir a la "terapia de compras" o a los gastos impulsivos, puedes tomar medidas para recuperar el control de tu dinero.

Haz un seguimiento de tus gastos durante una semana o más para entender de verdad en qué te gastas el dinero. Muchas personas gastan cada día mucho más dinero de lo que creen. Anota cada compra que hagas, ya sea en un cuaderno pequeño o en tu teléfono, sobre todo los artículos pequeños, como una taza de café o un paquete de chicles. Anota también cómo te sentías en el momento de la compra. Incluso una o dos palabras, como "aburrido" o "molesto", pueden resultar útiles a la hora de analizar en qué te gastas el dinero y por qué lo gastas.

Aprende a reconocer los "factores desencadenantes" emocionales que te llevan a gastar. Revisa tu registro de gastos y fíjate cómo te sentías cuando realizabas determinadas compras. Es posible que empieces a ver cómo surge un patrón. Por ejemplo, si te das cuenta de que te sentías solo, aburrido, enojado o con una ansiedad cuando realizabas las compras, sabrás que esos son tus "desencadenantes" emocionales.

No dejes que la culpa te influya. Si un juguete que quiere tu hijo o una cena cara con amigos no entra en tu presupuesto este mes, está bien decir que no. Mantener el control sobre tus gastos no te convierte en un padre indiferente ni en un mal amigo. Esto podría ser una oportunidad para que los niños aprendan a controlarse. Además, un buen amigo comprenderá que estás ahí para él aunque no puedas asistir a esa cena tan cara. Nadie más que tú puede mantener tu presupuesto bajo control; puede que a veces tengas que tomar decisiones difíciles, pero eso no significa que no puedas darte un capricho de vez en cuando.

Establece un periodo de espera para cualquier compra que no sea realmente necesaria. Oblígate a esperar una semana antes de hacer cualquier compra que no sea una necesidad concreta. Es posible que, al esperar unos días, tu deseo de realizar la compra haya disminuido.

Busca formas alternativas de satisfacer las necesidades emocionales que intentas cubrir gastando. Por ejemplo, si sueles salir a cenar a un restaurante caro con tu pareja después de un día duro en el trabajo, prueba una forma más económica de desestresarte. En su lugar, podrían preparar una comida juntos en casa. Si te das cuenta de que sales de compras cuando te sientes solo o triste, intenta llamar a un amigo o hacer ejercicio en su lugar. Antes de que te entre el impulso de gastar, ahora podrías hacer una lista de actividades alternativas con las que puedas sustituir las compras cuando te surjan esas ganas. Por ejemplo: hacer un picnic en el parque, dar un paseo o ir a la biblioteca. Piensa también en otras ideas.

Sigue aprendiendo a gestionar tu dinero. Mientras intentas identificar tus patrones de gastos impulsivos, haz todo lo posible por gestionar tu dinero de forma sensata en otros aspectos. Por ejemplo, puedes elaborar un presupuesto, desarrollar un plan de ahorro sólido y evitar las estafas financieras. Encontrarás artículos útiles en MyMoney.gov, la página web del Gobierno de EE. UU. dedicada a las finanzas personales.

No te prives de nada. Todo el mundo se merece un capricho de vez en cuando. Simplemente ten en cuenta por qué gastas y toma tus decisiones financieras de forma consciente.